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Un manantial de esperanza para la Iglesia de Celaya: Nueve nuevos sacerdotes.

  • Foto del escritor: Diócesis de Celaya
    Diócesis de Celaya
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura

"La Diócesis de Celaya no solo cuenta con nueve sacerdotes más; cuenta con nueve vidas donadas, nueve faros de gracia..."


En un tiempo donde el mundo busca con sed respuestas trascendentes, la gracia de Dios ha vuelto a fecundar la tierra del Bajío Guanajuatense. El municipio de San Miguel de Allende se convirtió en el centro de un acontecimiento eclesial: la Ordenación Presbiteral conferida por S.E. Mons, Vìctor Alejandro Aguilar Ledesma a nueve jóvenes que ofrecieron un “Sí” definitivo al Señor. La Diócesis de Celaya contempla renovada su esperanza vocacional al recibir a estos nuevos obreros de la viña del Señor para su mies, en una celebración eucarística que conmovió el alma de todo un pueblo fiel.


La mañana del 30 de julio, a las 11:00 a.m., el estadio de futbol José María “Capi” Correa, se llenó con la presencia viva del Pueblo de Dios. Más de un millar de fieles —niños, jóvenes, adultos y ancianos provenientes de los distintos rincones de la diócesis y diócesis vecinas— se hicieron presentes. No eran meros espectadores: eran una comunidad orante que con miradas expectantes, gozo indescriptible y gratitud en el corazón acompañaron a los futuros sacerdotes.


De los nueve ordenandos, siete formarán parte del presbiterio diocesano, vinculados directamente a la solicitud pastoral y autoridad del Obispo diocesano, mientras que dos pertenecen a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri en San Miguel de Allende, uniendo su misión a la obediencia de su propio superior y en comunión jerárquica con el Pastor diocesano.


El eco del “presente”: La respuesta fiel a la vocación.



Tras la proclamación del Santo Evangelio, la liturgia dio paso al rito de ordenación. La voz del monitor resonó llamando en nombre del Obispo uno a uno por su nombre a aquellos que Dios ha elegido para ser sus colaboradores:

 Víctor Alfonso Zúñiga Chávez

 Félix Patiño Martínez

 Jesús Antonio Robles González

 José Guadalupe Ávila Vargas

 Juan Rodolfo Rivas Castellón

 Carlos Alberto Cadena Baeza, C.O.

 Marcelo Rodolfo Muñiz Ortíz, C.O.

 Luis Ignacio Arévalo Escalón

 Abrahám Salatiel Vázquez Hernández

A cada llamado, la respuesta no se hizo esperar: con firmeza, valentía y la humilde certeza de la fe, la palabra “presente” fue pronunciada por cada uno de ellos . Un “presente” que firmó un pacto eterno ante el altar.


La homilía: Tres dimensiones del ministerio bajo la luz de los mártires

En el marco del centenario de la gesta cristera, Mons. Víctor Alejandro centró su predicación en el testimonio insigne de fidelidad de los Beatos mártires Fray Elías del Socorro Nieves y el Pbro. José Trinidad Rangel Montaño, proponiendo a los ordenandos tres dimensiones esenciales para moldear su vida sacerdotal:


1. La vocación purificada en tiempos de crisis

Mons. Víctor Alejandro recordó cómo la vocación de nuestros mártires no floreció en la comodidad, sino que maduró y se purificó en la fragua de la persecución y el dolor. En la prueba, la fe se desprende de lo superfluo para centrarse únicamente en la Cruz. Los nuevos presbíteros son llamados a no temer a las dificultades de la época actual, sino a permitir que la crisis refine su entrega pastoral.


2. El ministerio sostenido por la Iglesia doméstica

El Obispo subrayó la importancia de las familias de los ordenandos y evocó el testimonio de los Siervos de Dios, los «Hermanos Sierra». La familia es el verdadero santuario de la vida y el primer seminario donde se siembran los valores y la fe. Para que el ministerio sacerdotal no resulte estéril, Mons. Víctor exhortó a los neosacerdotes a reencontrar y reevangelizar a la familia actual, amenazada hoy por ideologías contemporáneas no menos insidiosas que las leyes que oprimieron a la Iglesia en 1926.


3. La misión: «Duc in altum» (Remar mar adentro)

Con la mirada puesta en la entrega total del Beato José Trinidad, el Obispo recordó que, por la imposición de las manos, el sacerdote deja de pertenecerse a sí mismo: «Serán solo del Señor». El sacerdote está llamado a no quedarse en las orillas seguras, sino a desplegar las velas de la fe para adentrarse en las aguas profundas del corazón humano y de las necesidades del mundo.


Configurados con Cristo, Sacerdote y Pastor


El momento cumbre del rito llegó con la imposición de las manos por parte del Obispo y del presbiterio, seguida de la solemne oración consecratoria. En ese silencio sagrado e inefable, el Espíritu Santo descendió para imprimir el carácter ontológico e indeleble en las almas de los ordenandos.


Quedaron así configurados con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor, listos para ser fieles colaboradores del Orden Episcopal en la edificación del Reino de Dios.

Cabe señalar la asistencia  nutrida  del clero diocesano y religiosos que  rodeó a los ordenandos. La fraternidad sacerdotal se hizo tangible; los sacerdotes dieron un recibimiento gozoso a los nuevos miembros de su familia. Un abrazo de acogida al adentrarse en el sacerdocio ministerial que perpetúa la misión de Cristo Cabeza.


La Diócesis de Celaya no solo cuenta con nueve sacerdotes más; cuenta con nueve vidas donadas, nueve faros de gracia que administrarán los sacramentos, perdonarán los pecados, consagrarán la Eucaristía y guiarán al pueblo hacia el encuentro con la eternidad.


Por: Pbro. Eduardo Sánchez Ramìrez


FOTO GALERÍA

Fotografía: Tony Quintana


 
 
 

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