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La fe que camina: el peregrinar de Manuel Herrera por Celaya hacia San Juan de los Lagos, Jalisco.

  • Foto del escritor: Diócesis de Celaya
    Diócesis de Celaya
  • 13 ago
  • 3 min de lectura

"No, ella me trae a mí, yo no la traigo. Ella es la que me guía por buen camino y ella es la que me dice: 'sí se puede..."


Celaya, Guanajuato.- Con la imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos cargada en su espalda,  un rosario al iniciar cada jornada y la convicción de llegar a la Basílica Mariana de San Juan de los Lagos, Manuel Herrera, oriundo de la Ciudad de México, cruzó por Celaya como parte de la peregrinación que comenzó desde la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, el pasado 30 de julio.


Su camino lo llevó por Celaya, una de las ciudades en la ruta hacia la Basílica de San Juan de los Lagos, Jalisco, donde espera llegar el próximo 14 de agosto para participar en las festividades que cada año congregan a miles de fieles.


La peregrinación, denominada "La Virgen del Buen Consejo", no es nueva para Manuel. Desde hace doce años realiza este recorrido durante agosto y, además, desde hace catorce años participa también en la peregrinación de enero, por lo que cada año realiza dos caminatas hacia San Juan de los Lagos.



"Salimos desde el día 30 de julio. Tenemos que hacer 15 días, es doble jornada”, comentó

Cada día recorren entre 35 y 40 kilómetros. El itinerario obliga a levantarse entre las cuatro y las cinco de la mañana.


"Nos paramos de cuatro o cuatro y media de la mañana. En lo que preparamos las casas de campaña, doblamos y hacemos un rosario para salir al camino”, relata.


Sin embargo, asegura que el esfuerzo físico queda en segundo plano cuando aparecen las muestras de solidaridad de las personas que encuentran durante el trayecto.


"La experiencia es bonita. En el camino la gente nos va ayudando con una moneda, con un taco, con un saludo, con un 'sí se puede, ya mero llegan'. Es algo bonito”, expresa.


Una tradición que se renueva

Aunque la peregrinación de enero es la más conocida por los fieles que acuden a San Juan de los Lagos, Manuel explica que la de agosto también tiene un profundo significado ya que se celebra la  Fiesta de la Asunción de la Virgen y el día litúrgico de la Virgen de San Juan de los Lagos. "Las dos están bonitas, pero si caminas con gusto y con alegría", dice convencido.

En esta ocasión viaja acompañado por un grupo reducido de cinco a seis peregrinos, suficiente para compartir el camino y alentarse mutuamente durante los días de marcha.



"Ella me trae a mí"

Sobre su espalda carga una imagen de la Virgen. A simple vista parecería un peso más durante la caminata, pero Manuel lo interpreta de una manera distinta. "No, ella me trae a mí, yo no la traigo. Ella es la que me guía por buen camino y ella es la que me dice: 'sí se puede, vamos hijo y adelante', hay mucho cansancio, pero cuando llegas, la fe de María es muchísima", afirma.


Celaya, una parada en el camino

Tras dejar atrás la Ciudad de México y cruzar por territorio queretano, el paso por Celaya representa que el destino está cada vez más cerca.

"Siempre he dicho que cuando estás en Querétaro ya te coronaste porque ya falta poco”, señaló.


Si todo marcha conforme a lo previsto, Manuel Herrera llegará el 14 de agosto a la Basílica de San Juan de los Lagos, donde concluirá una caminata de quince días marcada por la oración, el esfuerzo físico y la hospitalidad de quienes encuentra en el camino.


Un mensaje de esperanza

Más allá de cumplir una promesa, Manuel asegura que cada peregrinación también lleva una intención especial: pedir por la paz.

"Que se acabe toda esa maldad, toda esa violencia, tanta gente que desaparece. Es bonito disfrutar la vida, saludar a un amigo y preguntarle cómo está, no verlo con balazos. Eso no está bien", reflexiona.

Mientras avanza por las carreteras del Bajío, cada paso se convierte en una oración. Y aunque todavía quedan varios kilómetros antes de llegar a San Juan de los Lagos, Manuel está convencido de que la fuerza para continuar no proviene únicamente de sus piernas, sino de la fe que, asegura, lo acompaña desde el primer día del camino.


A.Lara/ Diócesis de Celaya

 
 
 

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