Cristiada y la libertad religiosa… reflexionan en encuentro provincial del Bajío.


Expertos y participantes reflexionaron sobre los antecedentes del conflicto, el papel de los laicos y las consecuencias de los "arreglos" de 1929.
Destacan que el movimiento cristero surgió de la defensa popular ante la profanación de lo sagrado y el heroico testimonio de sacerdotes y mártires.
CELAYA, Gto. — El 26 de octubre, la ciudad de Celaya fue sede del Encuentro Provincial del Bajío, en el cual se llevó a cabo la conferencia y panel de reflexión titulado “Cristiada y libertad religiosa, ayer y hoy”. El evento reunió a asistentes de las cuatro diócesis que conforman la Provincia Eclesiástica del Bajío, entre ellos los obispos de León, Celaya y Querétaro, para analizar los antecedentes históricos de la persecución religiosa en México, el impacto de las leyes persecutorias del siglo XX y el verdadero legado del movimiento cristero en la sociedad contemporánea.
La jornada estuvo dividida en dos grandes ejes temáticos: los antecedentes del conflicto religioso y la Cristiada, y los llamados "arreglos" y sus consecuencias históricas.
Antecedentes y la narrativa anticlerical
Durante la primera parte del análisis, se contextualizaron las raíces ideológicas que detonaron la persecución. Se expuso cómo en el pensamiento de los sectores liberales, la masonería, el evangelismo y ciertas corrientes periodísticas surgidas en espacios como San Luis Potosí, se consolidó la narrativa de que México enfrentaba "tres grandes enemigos": el clero, el ejército y los hacendados.

Se enfatizó que el rechazo gubernamental y de ciertos grupos liberales no estaba dirigido originalmente contra la fe o la religión de la población, sino de manera directa contra la institución clerical, a la cual acusaban de oponerse al cambio y al progreso del país desde la época independentista. Asimismo, se recordó que durante los momentos de tensión y persecución, las autoridades llegaron a incautar y revisar los archivos eclesiásticos y reservados de la Iglesia.
Respecto al marco legal, se puntualizó que los cinco artículos constitucionales de carácter restrictivo apuntaban al control de la actuación de los sacerdotes y a su libertad de ejercicio ministerial, más no a la prohibición formal de la fe o la recepción de los sacramentos. Ante el endurecimiento de estas medidas, la suspensión del culto público por parte de la jerarquía católica surgió como un acto explícito de protesta frente a las leyes que imposibilitaban la práctica religiosa.
Clandestinidad, martirio y el legado cristero

En la ponencia a cargo del P. Alonso Chávez Ramírez, titulada “Análisis de la Cristiada: El fusil y el mártir”, se profundizó en la entrada en vigor de la denominada "Ley Calles" el 1 de agosto de 1926 y las interrogantes que causó en la feligresía ante el cierre de templos y la restricción del culto.
Se destacó el valor indiscutible de aquellos sacerdotes que, ante la presión de renunciar a su fe o abandonar a sus comunidades, prefirieron ejercer su ministerio sacerdotal en la clandestinidad. A pesar de ser perseguidos por el Estado y catalogados como crueles y peligrosos delincuentes o criminales, mantuvieron viva la atención espiritual del pueblo.
El P. Chávez Ramírez explicó que, aunque el episcopado mexicano había acordado inicialmente no promover un enfrentamiento armado, fue el propio pueblo el que tomó la iniciativa orgánica de organizarse:
"Ante la profanación de lo sagrado, fue el pueblo el que tomó la iniciativa de defender lo suyo, pues al cristero le tocaron lo más sagrado: sus templos."
Esta reacción derivó en los primeros levantamientos armados entre finales de 1926 y principios de 1927 en estados como Jalisco, Zacatecas y Michoacán. Estos focos se articularon bajo liderazgos como el de la Unión Popular, cuyos integrantes asumieron el compromiso de defender la causa de Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe bajo el lema de "vencer o morir".
Como respuesta, el Estado movilizó al Ejército Federal, requiriendo un constante reclutamiento de efectivos —en su mayoría indígenas de escasos recursos— y presupuestos extraordinarios para intentar sofocar la rebelión.
Se enfatizó que el testimonio más grande de este periodo es el del mártir. Quienes prefirieron entregar su vida antes que apostatar o renunciar a su fe, perdonaron a sus propios verdugos siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Al grito de "¡Viva Cristo Rey!" y "¡Santa María de Guadalupe!", este acto supremo de entrega constituyó el gesto más libre y heroico del cristiano.
Legado histórico y la lección del pasado

Hacia el cierre del encuentro, se subrayó la importancia de hacer distinciones necesarias en la memoria histórica: mientras que en el colectivo de los fieles la palabra "Iglesia" suele remitir inmediatamente al clero, el cristero fue primordialmente un católico laico mexicano que participó activamente para defender su fe y su libertad religiosa.
En cuanto al desenlace del conflicto, los ponentes señalaron que no existe un documento formal que haya puesto fin de manera definitiva al movimiento cristero, sino que todo quedó en "aparentes arreglos" cuyas consecuencias continuaron moldeando la relación entre la Iglesia y el Estado.
El evento concluyó con un llamado a aprender de las lecciones del pasado para comprender los retos actuales en materia de libertad religiosa en México.
Por: Pbro. Eduardo Sánchez Ramírez

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