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100 años de la Gesta Cristera: memoria, fe y compromiso en la diócesis de Celaya

  • Foto del escritor: Diócesis de Celaya
    Diócesis de Celaya
  • hace 10 minutos
  • 4 min de lectura

Qué se hizo mal en ese tiempo por parte del gobierno y por parte de la iglesia, ¿Qué enseñanzas nos dejan ese acontecimiento tanto al gobierno como a la iglesia?: Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma.


Celaya, Guanajuato.- Este 2026 se cumplen cien años del inicio de uno de los episodios más trascendentales y controvertidos en la historia religiosa y política de México: la Gesta Cristera. A un siglo, la Iglesia católica en el país, y de manera particular la diócesis de Celaya, conmemora este acontecimiento no desde la nostalgia, sino como una oportunidad para reflexionar sobre el valor de la libertad religiosa, y el testimonio de fe.


El origen del conflicto

La Guerra Cristera tuvo su origen en la aplicación de la llamada Ley Calles, promulgada en 1926 durante el gobierno del entonces presidente Plutarco Elías Calles. Esta legislación endureció la aplicación de las disposiciones anticlericales contenidas en la Constitución de 1917, restringiendo severamente la vida de la Iglesia en México.

Entre las principales medidas se encontraban la prohibición de la educación religiosa, la exclaustración de comunidades religiosas, la expulsión fe sacerdotes y religiosos del país, así como una limitación en el número de presbíteros autorizados para ejercer su ministerio.

Ante el suceso, el episcopado mexicano tomó una decisión histórica: suspender el culto público en todos los templos del país a partir del 31 de julio de 1926, medida que permaneció vigente hasta julio de 1929, cuando se alcanzaron acuerdos que permitieron la reanudación de las celebraciones religiosas.

Para miles de católicos mexicanos, la suspensión de la celebración pública de la Eucaristía significó verse privados de aquello que consideraban el centro de su vida espiritual: participar en la Santa Misa y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo.


El levantamiento del pueblo

La inconformidad no tardó en manifestarse. En distintas regiones del país principalmente en los Altos de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán y Chihuahua hombres y mujeres decidieron organizarse para defender la libertad de profesar su fe.

El movimiento reunió no solamente a combatientes armados, sino también a familias enteras, jóvenes e incluso niños que colaboraban como mensajeros, custodios o apoyo logístico para quienes participaban en la resistencia.

Mientras algunos sacerdotes continuaban celebrando clandestinamente la Misa y el Rosario para evitar ser descubiertos por el Ejército federal, otros optaron por incorporarse directamente a la lucha armada. Muchos sacerdotes y fieles laicos fueron asesinados durante el conflicto y, para la Iglesia, su testimonio quedó marcado por el grito que se convirtió en símbolo de aquella época: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!".


Los mártires de la región: un legado que permanece vivo


Foto: Pastoral de la Comunicación Decanato Ricón de Tamayo
Foto: Pastoral de la Comunicación Decanato Ricón de Tamayo

Entre las figuras más representativas se encuentra el Beato Elías del Socorro Nieves, sacerdote agustino originario de Yuriria, entonces perteneciente al territorio de la antigua diócesis de Michoacán y hoy parte de la diócesis de Irapuato. Durante la persecución religiosa continuó ejerciendo su ministerio de forma clandestina en comunidades rurales del sur de Guanajuato. Fue detenido mientras se dirigía a celebrar la Santa Misa y fusilado el 10 de marzo de 1928 en el cerro de La Gavia, municipio de Cortazar. Antes de morir perdonó a sus verdugos y ofreció su vida por la paz de México. Su testimonio lo llevó a ser beatificado por Benedicto XVI en 2012.

El estado de Guanajuato dio a la Iglesia uno de los mártires canonizados de la persecución religiosa: San Nicolás Aguilar Velázquez, originario de Santa Ana de Guadalupe. Su fidelidad al ministerio sacerdotal, aun bajo la amenaza constante de muerte, representa el ejemplo de quienes decidieron permanecer junto a sus comunidades en los momentos más difíciles.

La diócesis de Celaya recuerda este acontecimiento como parte fundamental de su historia. La conmemoración busca agradecer el legado espiritual de quienes defendieron sus convicciones y reconocer que la sangre derramada por muchos creyentes fortaleció la identidad cristiana.


Una conmemoración con mirada al presente


Logo conmemorativo en la Diócesis de Celaya.
Logo conmemorativo en la Diócesis de Celaya.

La conmemoración del centenario no pretende reabrir heridas ni alimentar divisiones históricas. Por el contrario, la diócesis de Celaya subraya que este aniversario representa una ocasión para realizar un profundo examen de conciencia y renovar el compromiso de vivir la fe desde el servicio, la paz y la reconciliación.

A cien años de aquellos acontecimientos, los obispos de México consideran que la Gesta Cristera no debe verse únicamente como un capítulo doloroso de la historia nacional, sino también como una página luminosa que interpela a la Iglesia y a la sociedad contemporánea.


Un legado que permanece

A un siglo del inicio de la Guerra Cristera, la diócesis de Celaya reafirma que la mejor manera de honrar la memoria de quienes vivieron aquel conflicto no consiste en mirar únicamente al pasado, sino en asumir un compromiso renovado con los valores del Evangelio.



Cartel: Pastoral de la Comunicación Decanato Dolores Hidalgo
Cartel: Pastoral de la Comunicación Decanato Dolores Hidalgo

La conmemoración del centenario recuerda que la fe puede convertirse en una fuerza capaz de sostener a las comunidades incluso en los momentos más difíciles de la historia. Invita a las nuevas generaciones a conocer este episodio desde una perspectiva histórica, promoviendo el diálogo, la reconciliación y el respeto a la libertad religiosa como pilares indispensables para la convivencia democrática y la paz social.

Más que recordar una confrontación, la Iglesia propone que estos cien años sean una oportunidad para reconocer el testimonio de quienes vivieron su fe con convicción y para renovar el compromiso de construir un México donde prevalezcan la justicia, la paz y la libertad para todos.


Por: Antonio Ojodeagua

 
 
 

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