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MĂ©xico abre sus puertas al mundo. Mundial de fĂștbol.

  • Foto del escritor: DiĂłcesis de Celaya
    DiĂłcesis de Celaya
  • hace 39 minutos
  • 3 min de lectura

El Impacto del mundial de fĂștbol mĂĄs allĂĄ del deporte.

Estamos de lleno, una vez mĂĄs, en una justa mundialista de fĂștbol, donde, MĂ©xico, junto con Estados Unidos y CanadĂĄ, tenemos la dicha de ser anfitriones. El deporte es un elemento que, sin ser esencial, se integra de lleno para bien a la dinĂĄmica de la vida humana. Nos aporta mucho pues implica esfuerzo, disciplina, creatividad, mentalidad de equipo y mĂĄs cosas que tienen sentido para la vida entera. Pero, en este caso, el mundial de fĂștbol va mĂĄs allĂĄ de lo meramente deportivo.


Obviamente, la competencia serå un factor motivante que mueva la emoción en cada rincón de México y en las diversas partes del mundo donde haya seguimiento a lo que sucede en las canchas. Pero, para México es mucho mås, pues, a través de el, volvemos a abrir, de manera significativa, nuestras puertas para todo el mundo, convirtiéndonos en lugar de encuentro donde se comparte cultura, gastronomía, tradiciones, alegría, valores humanos y religiosos.


Al momento actual de MĂ©xico le pesa, entre otras cosas, el ambiente de incertidumbre, consecuencia de diversos factores, en especial la violencia. Pero el mundial de fĂștbol nos da la posibilidad de recordar que somos mucho mĂĄs que esos fenĂłmenos desfavorables. En ese sentido, todos los mexicanos, mĂĄs allĂĄ de que nos guste o no este deporte, tenemos mucho que compartir con el mundo y mucho que aprender de quienes nos visiten. Estamos llamados a sacar lo mejor de nosotros y debemos estar seguros que asĂ­ serĂĄ. Aunque, ese es un esfuerzo que debemos ejercer siempre, ya que amamos a nuestra patria. No se trata de esconder lo que nos lastima y empobrece, pero sĂ­ de demostrar que somos mucho mĂĄs que los factores que hoy no son favorables para el desarrollo integral de nuestros pueblos.


El Papa LeĂłn XIV, a travĂ©s de la campaña reza con el Papa, en el mes de junio, a propĂłsito del mundial de fĂștbol, nos invita a rezar para que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diĂĄlogo entre culturas, promoviendo el respeto, la solidaridad y el espĂ­ritu de superaciĂłn. Ya, en otro escenario, habĂ­a dicho que el mayor desafĂ­o es unirnos, especialmente en estos dĂ­as de divisiĂłn y guerra. Si el deporte nos une, que eso nos permita valorar que tambiĂ©n hay otros valores, aĂșn mĂĄs altos, que nos deben de mover cada dĂ­a, como son la dignidad humana y el bien comĂșn, como lo ha subrayado el mismo pontĂ­fice en su encĂ­clica Magnifica humanitas.


OjalĂĄ que el dominio del dinero y, en general, la mercadotecnia, no sigan lastimando la nobleza, que en sĂ­ mismo, encierra el deporte. El mundial de fĂștbol es la ocasiĂłn para reafirmar y proclamar que cuanto mĂĄs atentos seamos para valorar la grandeza de cada persona, en bien de la dimensiĂłn social de nuestra vida, mĂĄs fĂĄcil serĂĄ trabajar por los demĂĄs valores que engrandecen al ser humano. En un partido de fĂștbol, el buen deportista sabe lo mucho que necesita de todos sus compañeros para lograr sus objetivos. El buen entrenador se interesa por descubrir y ayudar a los miembros de su equipo a sacar lo mejor de sĂ­ y ayuda a que cada jugador se ponga al servicio de los demĂĄs. Pero cuando el dinero y otros intereses ensucian estos recursos que nos pertenecen por naturaleza, entonces todo se ensucia.


Disfrutemos del mundial, hagamos de México la casa de todos y también aprendamos de quienes nos visiten. Posiblemente, muchos, geogråficamente, nos sintamos lejos de los lugares donde se jueguen los partidos y pocos puedan estar en un estadio para disfrutar en vivo este nivel de espectåculos, pero el ambiente, sin duda, nos involucra a todos.


Pbro. Carlos Sandoval Rangel

Secretario Ejecutivo de la DimensiĂłn Episcopal

para la Cultura, la Educación y el Deporte.   

 
 
 
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