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ASÍ ES LA IMAGEN OFICIAL DE LOS HERMANOS SIERRA

  • Foto del escritor: Diócesis de Celaya
    Diócesis de Celaya
  • 8 ene
  • 5 Min. de lectura

En la Develación de la imagen que acompañará todo el proceso de la causa de los Los Siervos de Dios Sierra Vera, que tuvo lugar el 08 de enero de 2026, el postulador de la causa, Josef Sciberras osa, detalló la composición de la imagen, a continuación presentamos los detalles por él explicados en el templo parroquial de Nuestra Señora de los Dolores, Cañada de Caracheo, Cortazar, Gto., en la que también estuvo presente el Pbro. Adolfo Manzano León párroco y responsable de promover la causa de los siervos de Dios.

 

Breve comentario artistico, pastoral y espiritual de la obra.

La pintura al óleo (diciembre de 2025) de Manuel Farrugia es un doble retrato de medio busto, de marcada impronta clásica. Los Siervos de Dios Sierra Vera se sitúan en el mismo plano, casi a la misma altura, subrayando así la igualdad de dignidad y la unidad de destino: no «uno al lado del otro», sino claramente juntos. 


• Composición y luz: el fondo neutro, cálido, sin elementos narrativos, concentra toda la atención en los rostros y en las manos. La luz procede de la izquierda y modela los rasgos con un claroscuro suave que remite a la retratística del siglo XIX y a la tradición de la pintura sacra. La ausencia de detalles ambientales hace que el retrato adquiera un carácter casi “litúrgico”: más una imagen para ser venerada que una escena para ser narrada. 


• Rostros y cuerpos: Farrugia mantiene una gran fidelidad fisionómica (coherente con el uso de las muy pocas fotografías disponibles), pero suavizada por una ligera idealización: las miradas son abiertas, directas, serenas, sin teatralidad. Es el coraje “normal” del laico cristiano, no un heroísmo espectacular. Las camisas blancas, amplias, y la faja oscura evocan una indumentaria típica campesina o popular, insistiendo en la identidad de laicos sencillos, hombres del pueblo.


 • Las manos y las palmas: el centro visual del cuadro, casi más que los propios rostros, son las manos con las palmas, signo tradicional del martirio cristiano. Se crea un visual que evoca la fraternidad y la comunión en el martirio. Las palmas, altas y verticales, funcionan como columnas que estilizan la composición y manifiestan desde el primer impacto la clave martirial de la imagen.


 • Tonos y estilo: la paleta es cálida, dominada por ocres, marrones y blancos apagados. El resultado es una nobleza sobria: sin colores estridentes ni efectos fáciles, sino una belleza contenida, perfectamente adecuada para el uso litúrgico y devocional. El estilo de Farrugia es figurativo, cuidadoso en los matices de la carne y de las telas, pero no fotográfico: se percibe la mano del pintor, lo que otorga a la obra una presencia “viva”, no meramente documental. 


Virtudes que emergen al “leer” la obra


• Fortaleza y parresía martirial: La mirada directa de ambos, sin sombra de miedo o de dramatismo, sugiere la fortaleza cristiana: no un heroísmo espectacular, sino la decisión tranquila de ponerse de la parte de Cristo. No rehúyen la mirada de quien los contempla: dan la impresión de quienes “se mantienen en pie” ante la prueba.


 • Fraternidad y comunión: Las manos de labradores y las palmas verdes hablan de una fraternidad vivida. No son dos mártires aislados, sino unos de “nosotros”: la santidad aparece aquí como vocación compartida, sostenida por el vínculo de sangre y de fe. Se trata de una virtud eclesial: no sólo dos individuos, sino un pequeño “trozo de pueblo de Dios”. 


• Humildad y sencillez laical: La sencillez del vestuario pone de relieve la humildad del estado de vida: ningún símbolo de poder, ningún signo clerical, sólo el blanco de la camisa y la faja típica. Es la santidad “normal”, que nace en la vida ordinaria, en el trabajo, en el esfuerzo, en la familia, en un contexto concreto.


 • Pureza de corazón: El blanco dominante remite, sin retórica, a la pureza: no tanto moralismo cuanto transparencia del corazón y rectitud de intención. El blanco no es perfecto, es “vivido”: como si dijera una pureza atravesada por el esfuerzo y la dura realidad de la vida, en preparación al sacrificio último, la donación de la propia vida. Quiere hacer referencia a las multitudes vestidos de blanco y con palmas qué adoran al Cordero de lo cuál habla el libro de Apocalipsis (7,9-10): «he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».


Aspectos espirituales que se pueden subrayar en la obra


 • El martirio como ofrenda, no sólo como muerte violenta: El hecho de que no se vea sangre, ni armas ni perseguidores, acentúa una idea teológicamente rica: el martirio es, ante todo, un acto interior de ofrenda, atestiguado por la actitud del rostro y de las manos más que por la escena de la violencia. 


• Unidad entre lo cotidiano y lo sobrenatural: El ambiente es neutro, pero los cuerpos son los de hombres jóvenes, robustos, insertos en una cultura concreta. La obra sugiere que la gracia no anula lo humano, sino que lo asume. Son hombres muy “terrenos” y precisamente así se convierten en testigos del Reino. Tienen mirada de esperanza, qué mira lejos, en la espera del Señor qué viene. 


• Silencio contemplativo: No hay palabras, no hay acción narrativa: es una especie de icono silencioso. Esto favorece una lectura contemplativa: invita a permanecer ante ellos y dialogar en silencio, a “dejarse mirar” por dos rostros que, por última vez en esta tierra, vieron al perseguidor apuntando el arma mortal, sin odio ni deseo de venganza; y en un sucesivo instante “eterno”, esas mismas miradas de los Siervos de Dios se abren al amor de Dios, que acoge y corona su fe en el Resucitado. Es un modo típicamente cristiano de proponer la santidad martirial: no como espectáculo, sino como presencia que acompaña, que acoge, que se deja envolver por el amor de Dios que se manifiesta en la existencia humana de los miembros del Cuerpo místico de Cristo. 



¿A qué invita la obra?


 • A tomar en serio la vocación bautismal de los laicos: El hecho de que sean dos laicos claramente caracterizados interpela al fiel: también tú, en tu trabajo y en tu familia, puedes ser llamado a la radicalidad del Evangelio. En el fondo, la obra pregunta: Y tú, en tu estado de vida, ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar por Cristo?.


 • A vivir la fe como fraternidad: Los dos proclaman que la fe no se vive en soledad. Ellos quisieron acompañar hasta el final al beato Elías del Socorro Nieves, mártir agustino, y de él recibieron la absolución sacramental. La imagen invita a redescubrir la dimensión de comunidad, la valoración de los ministros de Dios, la amistad espiritual y la fraternidad concreta en las comunidades cristianas, en las parroquias, en las familias. 


• A una esperanza que no se deja intimidar: Las miradas no son sombrías; hay en ellas una cierta luminosidad, casi un anticipo de la Pascua. Se adivina la serenidad del abrazo amoroso de Dios Padre. La obra invita al cristiano a no dejarse aplastar por contextos hostiles o violentos, por el sufrimiento y la cruz, sino a vivir una esperanza tenaz, que cree que el mal no tiene la última palabra. Las dos palmas, firmemente sujetas en las manos, son signo concreto de ello.


 • A una devoción madura: Desde el punto de vista iconográfico, el cuadro no cae en el pietismo. Como toda obra de arte sagrada, pide al fiel no sólo “pedir gracias”, sino entrar en sintonía con la elección vocacional del sujeto – vocación cristiana, ante todo, y también martirial - es decir, ser discípulos del Maestro interior, qué nos enseña con el ejemplo porque fue el primero en beber el cáliz amargo y cargarse de la cruz por la salvación de la humanidad. La obra de Farrugia invita a dejarse convertir por el estilo de los hermanos Sierra Vera: sobrio, valiente, sereno, oblativo, místico y concreto al mismo tiempo. 


Josef Sciberras osa 



 
 
 
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