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México abre sus puertas al mundo. Mundial de fútbol.

  • Foto del escritor: Diócesis de Celaya
    Diócesis de Celaya
  • 9 jun
  • 3 min de lectura

El Impacto del mundial de fútbol más allá del deporte.

Estamos de lleno, una vez más, en una justa mundialista de fútbol, donde, México, junto con Estados Unidos y Canadá, tenemos la dicha de ser anfitriones. El deporte es un elemento que, sin ser esencial, se integra de lleno para bien a la dinámica de la vida humana. Nos aporta mucho pues implica esfuerzo, disciplina, creatividad, mentalidad de equipo y más cosas que tienen sentido para la vida entera. Pero, en este caso, el mundial de fútbol va más allá de lo meramente deportivo.


Obviamente, la competencia será un factor motivante que mueva la emoción en cada rincón de México y en las diversas partes del mundo donde haya seguimiento a lo que sucede en las canchas. Pero, para México es mucho más, pues, a través de el, volvemos a abrir, de manera significativa, nuestras puertas para todo el mundo, convirtiéndonos en lugar de encuentro donde se comparte cultura, gastronomía, tradiciones, alegría, valores humanos y religiosos.


Al momento actual de México le pesa, entre otras cosas, el ambiente de incertidumbre, consecuencia de diversos factores, en especial la violencia. Pero el mundial de fútbol nos da la posibilidad de recordar que somos mucho más que esos fenómenos desfavorables. En ese sentido, todos los mexicanos, más allá de que nos guste o no este deporte, tenemos mucho que compartir con el mundo y mucho que aprender de quienes nos visiten. Estamos llamados a sacar lo mejor de nosotros y debemos estar seguros que así será. Aunque, ese es un esfuerzo que debemos ejercer siempre, ya que amamos a nuestra patria. No se trata de esconder lo que nos lastima y empobrece, pero sí de demostrar que somos mucho más que los factores que hoy no son favorables para el desarrollo integral de nuestros pueblos.


El Papa León XIV, a través de la campaña reza con el Papa, en el mes de junio, a propósito del mundial de fútbol, nos invita a rezar para que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diálogo entre culturas, promoviendo el respeto, la solidaridad y el espíritu de superación. Ya, en otro escenario, había dicho que el mayor desafío es unirnos, especialmente en estos días de división y guerra. Si el deporte nos une, que eso nos permita valorar que también hay otros valores, aún más altos, que nos deben de mover cada día, como son la dignidad humana y el bien común, como lo ha subrayado el mismo pontífice en su encíclica Magnifica humanitas.


Ojalá que el dominio del dinero y, en general, la mercadotecnia, no sigan lastimando la nobleza, que en sí mismo, encierra el deporte. El mundial de fútbol es la ocasión para reafirmar y proclamar que cuanto más atentos seamos para valorar la grandeza de cada persona, en bien de la dimensión social de nuestra vida, más fácil será trabajar por los demás valores que engrandecen al ser humano. En un partido de fútbol, el buen deportista sabe lo mucho que necesita de todos sus compañeros para lograr sus objetivos. El buen entrenador se interesa por descubrir y ayudar a los miembros de su equipo a sacar lo mejor de sí y ayuda a que cada jugador se ponga al servicio de los demás. Pero cuando el dinero y otros intereses ensucian estos recursos que nos pertenecen por naturaleza, entonces todo se ensucia.


Disfrutemos del mundial, hagamos de México la casa de todos y también aprendamos de quienes nos visiten. Posiblemente, muchos, geográficamente, nos sintamos lejos de los lugares donde se jueguen los partidos y pocos puedan estar en un estadio para disfrutar en vivo este nivel de espectáculos, pero el ambiente, sin duda, nos involucra a todos.


Pbro. Carlos Sandoval Rangel

Secretario Ejecutivo de la Dimensión Episcopal

para la Cultura, la Educación y el Deporte.   

 
 
 

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